Y
ahí estaba ella, arrinconada en un extremo del pequeño lugar donde se
encontraba. Hacía mucho tiempo que había sido una gran defensora de los
derechos de las personas, pero en ese momento ya no le quedaban fuerzas para
seguir. Tenía escasos alimentos y lo único que se permitía tener para no perder
el contacto de expresarse, una computadora
que funcionaba con aire, más bien con dióxido de carbono que era tomado
a través de un filtro convirtiéndose en energía eléctrica.
La había adquirido
hace cinco años en la época de la tercera guerra mundial. En ella empezaba a
escribir lo que una vez hizo con su vida, las decisiones que una vez tuvo que
tomar, aquel cuento que una vez la había dejado impactada de que se trataba “ojos de perro azul”, de Gabriel García Márquez,
no sabía cómo este personaje podía crear unas historias tan fantásticas,
seguramente debía haberle sucedido algo antes de cada una de sus relatos para
que escribiera de ese modo, por eso suponía que sí podía tener un sueño en donde
una persona estuviera buscándola, alguien que pudiera comunicarse con ella a través
de la telepatía quizás. Esta quimera en un principio se mantuvo encendida, pero
al pasar los meses iba obteniendo una desilusión que ya no podría llamarse
desilusión sino olvido, ya era un mundo tan lejano aquel que había vivido
satisfecha con sus padres, hermanos y tíos, pero que un día tuvo que dejarlos
por el bien de la humanidad. No era que pretendía hacerlo por los conflictos
que se mantuvieron en la familia, simplemente, tenía que buscar una estrategia
para no caer en manos de los "cabeza grandes" como ella los llamaba.
Siempre contemplaba la computadora para ver si en la tierra todavía existía
gente que no haya olvidado esa realidad vivida, pero nadie le había contestado,
siempre comentaba ojos de perro azul, porque tal vez sería un código que solo existía
en los sueños y que Márquez lo habría descubierto y expuesto en sus personajes
donde una chica se pasaba escribiendo “Ojos de perro Azul” en todos los lugares
para encontrar a aquel hombre con quien soñaba cada noche y la veía cerca del
velador sin poder tañerla y sin poder rememorar al despertarse la frase con la
que tenía que buscarla, pero la respuesta no llegaba. No tenía que desesperase,
sabía que la contestación no tardaría, conocía a otros que eran como ella, y
que no se habrían dejado capturar tan fácilmente.
Sus padres le habían dicho “si
tienes algún peligro hazte la muerta o corre a un lugar donde nadie vaya a buscarte”,
y eso hizo, pero ahora se encontraba perdida. Era casualidad o el destino, pero
le llego una contestación con la frase de ojos de perro azul, su corazón
palpitaba, había alguien al otro lado de la pantalla que había entendido su
mensaje, alguien que sí era ilustrado, y probablemente había leído suficientes
libros como para saber sobre autores, y que ahora debían quedar olvidado en un pasado. Le empezó
a responder despacio, parecía que su capacidad de pensar no era suficiente para
que le llegasen las palabras tan fácilmente. Comenzaron hablar, se llamaba Luis
el chico, un nombre que no le pudieron haber puesto los cabezas grandes. Empezó
la explicación del ¿cómo te escondistes, en qué lugar te encuentras? y todo por el
estilo. Los dos tenían algo en común, salvar a la humanidad, derrotando a los cabezas
grandes pero eran solo dos, debían
encontrar más personas para cumplir esta gran hazaña.
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